Confesiones mentirosas y derrota
Escribir algo sincero, reconociendo de entrada esa declaración, paradójicamente, parece que nos aleja más de lo que logra acercarnos a lograrlo.
Puede que se deba al mundo de exposición constante en el que vivimos hoy, pero siento que en realidad, es más profundo que eso.
Si asumimos de entrada nuestra intención de ser sinceros, es como si algo del mensaje, de inmediato, fuese censurado. Sé que suena extraño o enredado, e incluso a mi me cuesta explicarlo, mas, si nos detenemos a pensar, de entrada, en cómo solemos actuar cuando queremos hacer una confesión real, esta suele ser del todo espontanea. No necesita anunciarse, simplemente pasa.
En este momento, llevo más de medio año peleando con estas ideas en mi mente, porque ha sido un año desastroso en muchos aspectos para mí, y, de alguna forma, siento que caí, por distintas razones en ese juego de no contar lo malo, aún cuando al analizar mi caso con detención, al menos yo, puedo encontrar el patrón ahí.
Y es que, las dos publicaciones previas que hice se movieron como la máquina más aceitada que cabía esperar. Si lo llevo al terreno de la bicicleta, que es mi vehículo preferido, esas ocasiones fueron tan suaves como un juego de cambios y una dirección recién aceitada y calibrada.
Ahora, si lo comparo con mi caso actual, por primera vez he incumplido varios de los anuncios que había hecho. Nunca cerré del todo la preventa, no he anunciado avances reales con la antología, aunque los ha habido, y no solo eso. Me he encontrado a mi mismo visitando los años anteriores, mis años de escritura, de una manera que no recuerdo haberlo hecho antes. De hecho, mi actual proyecto es una reescritura es vez de una obra nueva, y siento que no hay prueba más clara de lo que estoy diciendo.
Sin embargo, esto no se limita a la escritura, sino a mi vida laboral y económica en general. Y sé que no están siendo tiempos fáciles para mucha gente; me atrevería a decir que para casi nadie, pero ante la gran frustración, estrés y ansiedad que llevo sintiendo todo el año, termino encontrándome sumido en una espiral de pensamientos negativos, síndrome del impostor y fatalismo cada vez mayor, y sorprendentemente, no es lo que quiero.
No quiero dejarme vencer por todo eso, quiero dar pelea, seguir intentando, enseñando y creando, pero se hace difícil. Cada día se hace más difícil.
Tengo distintas actividades que me han ayudado a mantenerme a flote, pasatiempos, el cariño y el amor de mi familia y amigos, y tal vez, todo esto es lo que me ha logrado mantener lejos de la depresión.
Me da susto el solo hecho de escribir esa palabra.
Me remite a un tiempo difícil, el más complejo que recuerdo haber vivido.
Y a mí, que me cuesta ya el simple hecho de entender mis emociones, y otro mundo más el expresarlas, siempre termino volviendo aquí, ante la página vacía, dejando caer una gota de tinta o un pixel.
Para no irme por las ramas, esta honestidad, esta confesión que estoy haciendo ahora mismo no va dirigida hacia afuera, en realidad no.
Es una confesión que necesito hacerme a mi mismo, para aceptar el estado actual de las cosas.
Creo que al final, esa es la real diferencia entre la sinceridad publicada y sintetizada o adornada, y la sinceridad cruda y visceral que tanto nos cuesta alcanzar: no nos gusta mirarnos al espejo, no nos gusta decirnos y admitir nuestras propias verdades. Por eso terminamos publicando estas confesiones, esperando que se llenen de likes e interacciones, pero ahí estriba la principal diferencia, ridícula para muchos, como el hecho mismo de escribir un blog en un internet casi muerto en pleno 2’26. Yo no publico esto en Instagram, Tiktok o Facebook. Lo hago aquí, en Tinta Sobre La Hoja, un blog que casi con seguridad, no lee otra persona además de mí.
Sí, también estoy haciendo público el alegato, pero en vez de gritarlo en medio de un mall, a los cuatro vientos y al algoritmo que vive de emociones, lo hago en un internet muerto, casi como si se tratase de un manifiesto romántico del siglo XVIII, con la diferencia de que no tengo un monte cerca, o una quebrada de mar donde enfrentarme al abismo de la soledad humana, porque no estoy solo.
Ese es en realidad mi salvavidas. Eso, y la derrota.
PD: les recomiendo mucho el álbum Figurantes, de la banda española Vetusta Morla, y especialmente, la canción La derrota, que creo que es una que debiese tener más visibilidad en este mundo y en este tiempo que nos tocó habitar. De hecho, la voy a dejar anclada al final, si es que entiendo cómo se hace.
PD 2: creo que tampoco quedaría mal para un mini ensayo de YouTube o así, pero eso ya es mucha osadía o contradicción. ¿o no?
PD3: Esto no pasó por ningún tipo de inteligencia artificial como filtro, fue publicado tal cual se escribió, salvo por las faltas ortográficas corregidas entre el autocorrector y yo.
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